lunes, 29 de agosto de 2016

BIOGRAFIA DE SAN AGUSTIN

Biografía de SAN AGUSTIN

Aurelio Agustín nació en Tagaste, en el África romana, el 13 de noviembre de 354. Su padre, llamado Patricio, era un funcionario pagano al servicio del Imperio. Su madre, la dulce y abnegada cristiana Mónica, luego santa, poseía un genio intuitivo y educó a su hijo en su religión, aunque, ciertamente, no llegó a bautizarlo. El niño, según él mismo cuenta en sus Confesiones, era irascible, soberbio y díscolo, aunque excepcionalmente dotado. Romaniano, mecenas y notable de la ciudad, se hizo cargo de sus estudios, pero Agustín, a quien repugnaba el griego, prefería pasar su tiempo jugando con otros mozalbetes. Tardó en aplicarse a los estudios, pero lo hizo al fin porque su deseo de saber era aún más fuerte que su amor por las distracciones; terminadas las clases de gramática en su municipio, estudió las artes liberales en Metauro y después retórica en Cartago.
A los dieciocho años, Agustín tuvo su primera concubina, que le dio un hijo al que pusieron por nombre Adeodato. Los excesos de ese "piélago de maldades" continuaron y se incrementaron con una afición desmesurada por el teatro y otros espectáculos públicos y la comisión de algunos robos; esta vida le hizo renegar de la religión de su madre. Su primera lectura de las Escrituras le decepcionó y acentuó su desconfianza hacia una fe impuesta y no fundada en la razón. Sus intereses le inclinaban hacia la filosofía, y en este territorio encontró acomodo durante algún tiempo en el escepticismo moderado, doctrina que obviamente no podía satisfacer sus exigencias de verdad.

San Agustín de Hipona en su celda (c.1480),
de Sandro Botticelli
Sin embargo, el hecho fundamental en la vida de San Agustín de Hipona en estos años es su adhesión al dogma maniqueo; su preocupación por el problema del mal, que lo acompañaría toda su vida, fue determinante en su adhesión al maniqueísmo, la religión de moda en aquella época. Los maniqueos presentaban dos sustancias opuestas, una buena (la luz) y otra mala (las tinieblas), eternas e irreductibles. Era preciso conocer el aspecto bueno y luminoso que cada hombre posee y vivir de acuerdo con él para alcanzar la salvación.
A San Agustín le seducía este dualismo y la fácil explicación del mal y de las pasiones que comportaba, pues ya por aquel entonces eran estos los temas centrales de su pensamiento. La doctrina de Manes, aún más que el escepticismo, se asentaba en un pesimismo radical, pero denunciaba inequívocamente al monstruo de la materia tenebrosa enemiga del espíritu, justamente aquella materia, "piélago de maldades", que Agustín quería conjurar en sí mismo.
Dedicado a la difusión de esa doctrina, profesó la elocuencia en Cartago (374-383), Roma (383) y Milán (384). Durante diez años, a partir del 374, vivió Agustín esta amarga y loca religión. Fue colmado de atenciones por los altos cargos de la jerarquía maniquea y no dudó en hacer proselitismo entre sus amigos. Se entregó a los himnos ardientes, los ayunos y las variadas abstinencias y complementó todas estas prácticas con estudios de astrología que le mantuvieron en la ilusión de haber encontrado la buena senda. A partir del año 379, sin embargo, su inteligencia empezó a ser más fuerte que el hechizo maniqueo. Se apartó de sus correligionarios lentamente, primero en secreto y después denunciando sus errores en público. La llama de amor al conocimiento que ardía en su interior le alejó de las simplificaciones maniqueas como le había apartado del escepticismo estéril.
En 384 encontramos a San Agustín de Hipona en Milán ejerciendo de profesor de oratoria. Allí lee sin descanso a los clásicos, profundiza en los antiguos pensadores y devora algunos textos de filosofía neoplatónica. La lectura de los neoplatónicos, probablemente de Plotino, debilitó las convicciones maniqueístas de San Agustín y modificó su concepción de la esencia divina y de la naturaleza del mal; igualmente decisivo en la nueva orientación de su pensamiento serían los sermones de San Ambrosio, arzobispo de Milán, que partía de Plotino para demostrar los dogmas y a quien San Agustín escuchaba con delectación, quedando "maravillado, sin aliento, con el corazón ardiendo". A partir de la idea de que «Dios es luz, sustancia espiritual de la que todo depende y que no depende de nada», San Agustín comprendió que las cosas, estando necesariamente subordinadas a Dios, derivan todo su ser de Él, de manera que el mal sólo puede ser entendido como pérdida de un bien, como ausencia o no-ser, en ningún caso como sustancia.
Dos años después, la convicción de haber recibido una señal divina (relatada en el libro octavo de las Confesiones) lo decidió a retirarse con su madre, su hijo y sus discípulos a la casa de su amigo Verecundo, en Lombardía, donde San Agustín escribió sus primeras obras. En 387 se hizo bautizar por San Ambrosio y se consagró definitivamente al servicio de Dios. En Roma vivió un éxtasis compartido con su madre, Mónica, que murió poco después.
En 388 regresó definitivamente a África. En el 391 fue ordenado sacerdote en Hipona por el anciano obispo Valerio, quien le encomendó la misión de predicar entre los fieles la palabra de Dios, tarea que San Agustín cumplió con fervor y le valió gran renombre; al propio tiempo, sostenía enconado combate contra las herejías y los cismas que amenazaban a la ortodoxia católica, reflejado en las controversias que mantuvo con maniqueos, pelagianos, donatistas y paganos.

San Agustín de Hipona y Santa Mónica (1846), de Ary Scheffer
Tras la muerte de Valerio, hacia finales del 395, San Agustín fue nombrado obispo de Hipona; desde este pequeño pueblo pescadores proyectaría su pensamiento a todo el mundo occidental. Sus antiguos correligionarios maniqueos, y también los donatistas, los arrianos, los priscilianistas y otros muchos sectarios vieron combatidos sus errores por el nuevo campeón de la Cristiandad. Dedicó numerosos sermones a la instrucción de su pueblo, escribió sus célebres Cartas a amigos, adversarios, extranjeros, fieles y paganos, y ejerció a la vez de pastor, administrador, orador y juez. Al mismo tiempo elaboraba una ingente obra filosófica, moral y dogmática; entre sus libros destacan los Soliloquios, las Confesiones y La ciudad de Dios, extraordinarios testimonios de su fe y de su sabiduría teológica.
Al caer Roma en manos de los godos de Alarico (410), se acusó al cristianismo de ser responsable de las desgracias del imperio, lo que suscitó una encendida respuesta de San Agustín, recogida en La ciudad de Dios, que contiene una verdadera filosofía de la historia cristiana. Durante los últimos años de su vida asistió a las invasiones bárbaras del norte de África (iniciadas en el 429), a las que no escapó su ciudad episcopal. Al tercer mes del asedio de Hipona, cayó enfermo y murió.
La filosofía de San Agustín
El tema central del pensamiento de San Agustín de Hipona es la relación del alma, perdida por el pecado y salvada por la gracia divina, con Dios, relación en la que el mundo exterior no cumple otra función que la de mediador entre ambas partes. De ahí su carácter esencialmente espiritualista, frente a la tendencia cosmológica de la filosofía griega. La obra del santo se plantea como un largo y ardiente diálogo entre la criatura y su Creador, esquema que desarrollan explícitamente sus Confesiones (400).
Si bien el encuentro del hombre con Dios se produce en la charitas (amor), Dios es concebido como bien y verdad, en la línea del idealismo platónico. Sólo situándose en el seno de esa verdad, es decir, al realizar el movimiento de lo finito hacia lo infinito, puede el hombre acercarse a su propia esencia. Pero su visión pesimista del hombre contribuyó a reforzar el papel que, a sus ojos, desempeña la gracia divina, por encima del que tiene la libertad humana, en la salvación del alma. Este problema es el que más controversias ha suscitado, pues entronca con la cuestión de la predestinación, y la postura de San Agustín contiene en este punto algunos equívocos.
Mundo, alma y Dios
En sus concepciones sobre la naturaleza y el mundo físico, Agustín de Hipona parte del hilemorfismo de Aristóteles: los seres se componen de materia y forma. Pero conforme al ideario cristiano, Agustín introduce el concepto decreación (Dios creó libremente el mundo de la nada), extraño a la tradición griega, y enriquece la teoría aristotélica con las llamadas razones seminales: al crear el mundo, Dios lo dejó en un estado inicial de indeterminación, pero depositó en la materia una serie de potencialidades latentes comparables a semillas, que en las circunstancias adecuadas y conforme a un plan divino originaron los sucesivos seres y fenómenos. De este modo, el mundo evoluciona con el tiempo, actualizando constantemente sus potencialidades y configurándose como cosmos.
El ser humano se compone de cuerpo (materia) y alma (forma). Pero siguiendo ahora a Platón, para Agustín de Hipona cuerpo y alma son sustancias completas y separadas, y su unión es accidental: el hombre es un alma racional inmortal que se sirve, como instrumento, de un cuerpo material y mortal; el santo llegó incluso a usar algunas veces el símil platónico del jinete y el caballo. Dotada de voluntad, memoria e inteligencia, el alma es una sustancia espiritual simple e indivisible, cualidades de las que se desprende su inmortalidad, ya que la muerte es descomposición de las partes.

San Agustín de Hipona (c. 1637), de Rubens
Tal concepto crearía dificultades y dudas en San Agustín a la hora de establecer el origen del alma (siempre rechazó la noción platónica de la preexistencia) y conciliarlo con el dogma del pecado original. Si el alma era generada por los padres al igual que el cuerpo (generacionismo), se entendía que el pecado original se transmitiese a los descendientes, pero, siendo simple e indivisible, ¿cómo podía el alma pasar a los hijos? Y si el alma era creada por Dios en el instante del nacimiento (creacionismo), ¿cómo podía Dios crear un alma imperfecta, manchada por el pecado original?
Para San Agustín, fe y razón se hallan profundamente vinculadas: sus célebres aforismos "cree para entender" y "entiende para creer" (Crede ut intelligas,Intellige ut credas) significan que la fe y la razón, pese a la primacía de la primera, se iluminan mutuamente. Mediante la sensación y la razón podemos llegar a percibir cosas concretas y a conocer algunas verdades necesarias y universales, pero referidas a fenómenos concretos, temporales. Sólo gracias a una iluminación o poder suplementario que Dios concede al alma, a la razón, podemos llegar al conocimiento racional superior, a la sabiduría. Por otra parte, un discurso racional correcto necesariamente ha de conducir a las verdades reveladas.
De este modo, la razón nos ofrece algunas pruebas de la existencia de Dios, de entre las que destaca en San Agustín el argumento de las verdades eternas. Una proposición matemática como, por ejemplo, el teorema de Pitágoras, es necesariamente verdadera y siempre lo será; el fundamento de tal verdad no puede hallarse en el devenir cambiante del mundo, sino en un ser también inmutable y eterno: Dios. Dios posee todas las perfecciones en grado sumo; Agustín destaca entre sus atributos la verdad y la bondad (por influjo de la idea platónica del bien), aunque establece la inmutabilidad como el atributo del que derivan lógicamente los demás. La influencia de Platón se hace de nuevo patente en el llamado ejemplarismo de San Agustín: Dios posee el conocimiento de la esencia de todo lo creado; las ideas de cada ser en la mente divina son como los modelos o ejemplos a partir de los cuales Dios creó a cada uno de los seres.
hecho por joss

BIOGRAFIA DE SANTO TOMAS DE AQUINO

Santo Tomás de Aquino

(Llamado Doctor Angélico; Roccaseca, actual Italia, 1224 - Fossanuova, id., 1274) Teólogo y filósofo italiano. Hijo de una de las familias aristócratas más influyentes de la Italia meridional, estudió en Montecassino, en cuyo monasterio benedictino sus padres quisieron que siguiera la carrera eclesiástica. Posteriormente se trasladó a Nápoles, donde cursó estudios de artes y teología y entró en contacto con la Orden de los Hermanos Predicadores.

Santo Tomás de Aquino
En 1243 manifestó su deseo de ingresar en dicha Orden, pero su familia se opuso firmemente, e incluso su madre consiguió el permiso de Federico II para que sus dos hermanos, miembros del ejército imperial, detuvieran a Tomás. Ello ocurrió en Acquapendente en mayo de 1244, y el santo permaneció retenido en el castillo de Santo Giovanni durante un año. Tras una queja de Juan el Teutónico, general de los dominicos, a Federico II, éste accedió a que Tomás fuera puesto en libertad. Luego se le permitió trasladarse a París, donde permaneció desde 1245 hasta 1256, fecha en que obtuvo el título de maestro en teología.
Durante estos años estuvo al cuidado de Alberto Magno, con quien entabló una duradera amistad. Les unía -además del hecho de pertenecer ambos a la Orden dominica- una visión abierta y tolerante, aunque no exenta de crítica, del nuevo saber grecoárabe, que por aquellas fechas llegaba masivamente a las universidades y centros de cultura occidentales. Tras doctorarse, ocupó una de las cátedras reservadas a los dominicos, tarea que compatibilizó con la redacción de sus primeras obras, en las cuales empezó a alejarse de la corriente teológica mayoritaria, derivada de las enseñanzas de San Agustín de Hipona.
En 1259 regresó a Italia, donde permaneció hasta 1268 al servicio de la corte pontificia en calidad de instructor y consultor del Papa, a quien acompañaba en sus viajes. Durante estos años redactó varios comentarios al Pseudo-Dionisio y a Aristóteles, finalizó la Suma contra los gentiles, obra en la cual repasaba críticamente las filosofías y teologías presentes a lo largo de la historia, e inició la redacción de su obra capital, la Suma Teológica, en la que estuvo ocupado entre 1267 y 1274 y que representa el compendio último de todo su pensamiento.
Tomás de Aquino supo resolver la crisis producida en el pensamiento cristiano por el averroísmo, interpretación del pensamiento aristotélico que resaltaba la independencia del entendimiento guiado por los sentidos y planteaba el problema de la doble verdad, es decir, la contradicción de las verdades del entendimiento y las de la revelación.
En oposición a esta tesis, defendida en la Universidad de París por Siger de Brabante, afirmó la necesidad de que ambas fueran compatibles, pues, procediendo de Dios, no podrían entrar en contradicción; ambas verdades debían ser, además, complementarias, de modo que las de orden sobrenatural debían ser conocidas por revelación, mientras que las de orden natural serían accesibles por el entendimiento; filosofía y teología son, por tanto, distintas y complementarias, siendo ambas racionales, pues la teología deduce racionalmente a partir de las premisas reveladas.
A medio camino entre el espiritualismo agustiniano y el naturalismo emergente del averroísmo, defendió un realismo moderado, para el cual los universales (los conceptos abstractos) existen fundamentalmente in re (en las cosas) y sólo formalmente post rem (en el entendimiento). En último término, Tomás de Aquino encontró una vía para conciliar la revalorización del mundo material que se vivía en Occidente con los dogmas del cristianismo, a través de una inteligente y bien trabada interpretación de Aristóteles.

BIOGRAFIA DE RENE DESCARTES

BIOGRAFIA DE RENE DESCARTES
Biografía
René Descartes se educó en el colegio jesuita de La Flèche (1604-1612), por entonces uno de los más prestigiosos de Europa, donde gozó de un cierto trato de favor en atención a su delicada salud. Los estudios que en tal centro llevó a cabo tuvieron una importancia decisiva en su formación intelectual; conocida la turbulenta juventud de Descartes, sin duda en La Flèche debió cimentarse la base de su cultura. Las huellas de tal educación se manifiestan objetiva y acusadamente en toda la ideología filosófica del sabio.
El programa de estudios propio de aquel colegio (según diversos testimonios, entre los que figura el del mismo Descartes) era muy variado: giraba esencialmente en torno a la tradicional enseñanza de las artes liberales, a la cual se añadían nociones de teología y ejercicios prácticos útiles para la vida de los futuros gentilhombres. Aun cuando el programa propiamente dicho debía de resultar más bien ligero y orientado en sentido esencialmente práctico (no se pretendía formar sabios, sino hombres preparados para las elevadas misiones políticas a que su rango les permitía aspirar), los alumnos más activos o curiosos podían completarlos por su cuenta mediante lecturas personales.
Años después, Descartes criticaría amargamente la educación recibida. Es perfectamente posible, sin embargo, que su descontento al respecto proceda no tanto de consideraciones filosóficas como de la natural reacción de un adolescente que durante tantos años estuvo sometido a una disciplina, y de la sensación de inutilidad de todo lo aprendido en relación con sus posibles ocupaciones futuras (burocracia o milicia). Tras su etapa en La Flèche, Descartes obtuvo el título de bachiller y de licenciado en derecho por la facultad de Poitiers (1616), y a los veintidós años partió hacia los Países Bajos, donde sirvió como soldado en el ejército de Mauricio de Nassau. En 1619 se enroló en las filas del duque de Baviera.
Según relataría el propio Descartes en el Discurso del Método, durante el crudo invierno de ese año se halló bloqueado en una localidad del Alto Danubio, posiblemente cerca de Ulm; allí permaneció encerrado al lado de una estufa y lejos de cualquier relación social, sin más compañía que la de sus pensamientos. En tal lugar, y tras una fuerte crisis de escepticismo, se le revelaron las bases sobre las cuales edificaría su sistema filosófico: el método matemático y el principio del cogito, ergo sum. Víctima de una febril excitación, durante la noche del 10 de noviembre de 1619 tuvo tres sueños, en cuyo transcurso intuyó su método y conoció su profunda vocación de consagrar su vida a la ciencia.
Tras renunciar a la vida militar, Descartes viajó por Alemania y los Países Bajos y regresó a Francia en 1622, para vender sus posesiones y asegurarse así una vida independiente; pasó una temporada en Italia (1623-1625) y se afincó luego en París, donde se relacionó con la mayoría de científicos de la época.
En 1628 decidió instalarse en Holanda, país en el que las investigaciones científicas gozaban de gran consideración y, además, se veían favorecidas por una relativa libertad de pensamiento. Descartes consideró que era el lugar más favorable para cumplir los objetivos filosóficos y científicos que se había fijado, y residió allí hasta 1649.
Los cinco primeros años los dedicó principalmente a elaborar su propio sistema del mundo y su concepción del hombre y del cuerpo humano. En 1633 debía de tener ya muy avanzada la redacción de un amplio texto de metafísica y física titulado Tratado sobre la luz; sin embargo, la noticia de la condena de Galileo le asustó, puesto que también Descartes sostenía en aquella obra el movimiento de la Tierra, opinión que no creía censurable desde el punto de vista teológico. Como temía que tal texto pudiera contener teorías condenables, renunció a su publicación, que tendría lugar póstumamente.
En 1637 apareció su famoso Discurso del método, presentado como prólogo a tres ensayos científicos. Por la audacia y novedad de los conceptos, la genialidad de los descubrimientos y el ímpetu de las ideas, el libro bastó para dar a su autor una inmediata y merecida fama, pero también por ello mismo provocó un diluvio de polémicas, que en adelante harían fatigosa y aun peligrosa su vida.
Descartes proponía en el Discurso una duda metódica, que sometiese a juicio todos los conocimientos de la época, aunque, a diferencia de los escépticos, la suya era una duda orientada a la búsqueda de principios últimos sobre los cuales cimentar sólidamente el saber. Este principio lo halló en la existencia de la propia conciencia que duda, en su famosa formulación «pienso, luego existo». Sobre la base de esta primera evidencia pudo desandar en parte el camino de su escepticismo, hallando en Dios el garante último de la verdad de las evidencias de la razón, que se manifiestan como ideas «claras y distintas».
El método cartesiano, que Descartes propuso para todas las ciencias y disciplinas, consiste en descomponer los problemas complejos en partes progresivamente más sencillas hasta hallar sus elementos básicos, las ideas simples, que se presentan a la razón de un modo evidente, y proceder a partir de ellas, por síntesis, a reconstruir todo el complejo, exigiendo a cada nueva relación establecida entre ideas simples la misma evidencia de éstas. Los ensayos científicos que seguían al Discurso ofrecían un compendio de sus teorías físicas, entre las que destaca su formulación de la ley de inercia y una especificación de su método para las matemáticas.
Los fundamentos de su física mecanicista, que hacía de la extensión la principal propiedad de los cuerpos materiales, fueron expuestos por Descartes en lasMeditaciones metafísicas (1641), donde desarrolló su demostración de la existencia y la perfección de Dios y de la inmortalidad del alma, ya apuntada en la cuarta parte del Discurso del método. El mecanicismo radical de las teorías físicas de Descartes, sin embargo, determinó que fuesen superadas más adelante.
Conforme crecía su fama y la divulgación de su filosofía, arreciaron las críticas y las amenazas de persecución religiosa por parte de algunas autoridades académicas y eclesiásticas, tanto en los Países Bajos como en Francia. Nacidas en medio de discusiones, las Meditaciones metafísicas habían de valerle diversas acusaciones promovidas por los teólogos; algo por el estilo aconteció durante la redacción y al publicar otras obras suyas, como Los principios de la filosofía(1644) y Las pasiones del alma (1649).
Cansado de estas luchas, en 1649 Descartes aceptó la invitación de la reina Cristina de Suecia, que le exhortaba a trasladarse a Estocolmo como preceptor suyo de filosofía. Previamente habían mantenido una intensa correspondencia, y, a pesar de las satisfacciones intelectuales que le proporcionaba Cristina, Descartes no fue feliz en "el país de los osos, donde los pensamientos de los hombres parecen, como el agua, metamorfosearse en hielo". Estaba acostumbrado a las comodidades y no le era fácil levantarse cada día a las cuatro de la mañana, en plena oscuridad y con el frío invernal royéndole los huesos, para adoctrinar a una reina que no disponía de más tiempo libre debido a sus obligaciones. Los espartanos madrugones y el frío pudieron más que el filósofo, que murió de una pulmonía a principios de 1650, cinco meses después de su llegada.
La filosofía de Descartes
Descartes es considerado como el iniciador de la filosofía racionalista moderna por su planteamiento y resolución del problema de hallar un fundamento del conocimiento que garantice su certeza, y como el filósofo que supone el punto de ruptura definitivo con la escolástica. En el Discurso del método (1637), Descartes manifestó que su proyecto de elaborar una doctrina basada en principios totalmente nuevos procedía del desencanto ante las enseñanzas filosóficas que había recibido.
Convencido de que la realidad entera respondía a un orden racional, su propósito era crear un método que hiciera posible alcanzar en todo el ámbito del conocimiento la misma certidumbre que proporcionan en su campo la aritmética y la geometría. Su método, expuesto en el Discurso, se compone de cuatro preceptos o procedimientos: no aceptar como verdadero nada de lo que no se tenga absoluta certeza de que lo es; descomponer cada problema en sus partes mínimas; ir de lo más comprensible a lo más complejo; y, por último, revisar por completo el proceso para tener la seguridad de que no hay ninguna omisión.
El sistema utilizado por Descartes para cumplir el primer precepto y alcanzar la certeza es «la duda metódica». Siguiendo este sistema, Descartes pone en tela de juicio todos sus conocimientos adquiridos o heredados, el testimonio de los sentidos e incluso su propia existencia y la del mundo. Ahora bien, en toda duda hay algo de lo que no podemos dudar: de la misma duda. Dicho de otro modo, no podemos dudar de que estamos dudando. Llegamos así a una primera certeza absoluta y evidente que podemos aceptar como verdadera: dudamos.
Pienso, luego existo
La duda, razona entonces Descartes, es un pensamiento: dudar es pensar. Ahora bien, no es posible pensar sin existir. La suspensión de cualquier verdad concreta, la misma duda, es un acto de pensamiento que implica inmediatamente la existencia del "yo" pensante. De ahí su célebre formulación: pienso, luego existo (cogito, ergo sum). Por lo tanto, podemos estar firmemente seguros de nuestro pensamiento y de nuestra existencia. Existimos y somos una sustancia pensante, espiritual.
A partir de ello elabora Descartes toda su filosofía. Dado que no puede confiar en las cosas, cuya existencia aún no ha podido demostrar, Descartes intenta partir del pensamiento, cuya existencia ya ha sido demostrada. Aunque pueda referirse al exterior, el pensamiento no se compone de cosas, sino de ideas sobre las cosas. La cuestión que se plantea es la de si hay en nuestro pensamiento alguna idea o representación que podamos percibir con la misma «claridad» y «distinción» (los dos criterios cartesianos de certeza) con la que nos percibimos como sujetos pensantes.

miércoles, 24 de agosto de 2016

RESUMEN CORTO DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL
La Primera Guerra Mundial fue un conflicto armado acaecido entre 1914 y 1918, y debido a las alianzas realizadas se extendió a los cinco continentes, y fue causado por un conjunto de factores que incluyeron:
– Rivalidad económica entre potencias debido al desarrollo de cada país a raíz de la Revolución Industrial.
– Rivalidades territoriales.
– Rivalidades coloniales.
– Conflictos étnicos y, con ello, aumento del nacionalismo xenófobo.
– Preparación de armamento.
Todas estas tensiones llevaron a una acumulación de armamentos, sobre todo por parte de Francia y Alemania. La precipitación en las movilizaciones y los ultimátums, los planes secretos de ataques y los sistemas de alianzas que había, podían llevar fácilmente a la guerra.
Y el desencadenante ocurrió el día 28 de junio de 1914, cuando el heredero del trono de Austria-Hungría, el archiduque Francisco Fernando, fue asesinado en Sarajevo, con lo cual Austria declara la guerra a Serbia, Alemania lo secunda, y Rusia sólo tarda 48 horas en unirse. Alemania invade Bélgica, un país neutral. La invasión hace que Inglaterra entre en guerra.
Se desató una seguidilla de contiendas que duraron hasta 1918, entre las que destacan la ocupación alemana de Polonia y Lituania de 1915, el bloqueo de los puertos franceses y británicos por parte de submarinos alemanes en 1917 y la declaración de guerra de Estados Unidos contra Alemania, también en 1917.
El 8 de enero de 1918 el presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson hizo una serie de propuestas, conocidas como “Los Catorce Puntos”, donde se sentaban las bases para negociar la paz entre los países en conflicto.
Los entre 10 y 30 millones de muertos no fueron las únicas víctimas de la guerra, también lo fueron las finanzas y las economías de distintas naciones alrededor del mundo. La guerra fue tanto una crisis de la civilización como una crisis militar y diplomática.
París fue elegida para acoger la conferencia encargada de restablecer la paz, sin embargo, los países vencidos no fueron invitados. Los representantes más importantes fueron: Francia, Reino Unido, Italia y Estados Unidos.
El 28 de julio de 1919, en Versalles (Francia) se firmó el “Tratado de Versalles”, el principal tratado de paz que regulaba la suerte de Alemania, y fue importante por dos principales razones:
– Dividió en dos partes desiguales el territorio alemán, creando un corredor que permitió a Polonia la salida al mar,
– Hizo responsable moral del desencadenamiento de la guerra a Alemania, con lo que se impuso el pago de las respectivas indemnizaciones por los daños sufridos por los aliados.
Ambas cláusulas fueron el origen de los problemas que afectarían las relaciones internacionales durante los años siguientes.

RESUMEN CORTO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
La Segunda Guerra Mundial ha sido el conflicto armado más sangriento en la historia, suscitado entre 1939 y 1945, en el que participaron diversos países de todo el mundo, los cuales se dividieron en dos bandos: los Aliados y las Potencias del Eje.
Las tensiones del Tratado de Versalles,uno de los principales tratados de paz con los que se puso fin a la Primera Guerra Mundial, parecieron superadas en la conferencia de Locarno de octubre de 1925, pero en realidad no fue así, y esto, junto a otros factores, fueron lascausas que desencadenaron en la Segunda Guerra Mundial.
En Asia, en 1927, el primer ministro japonés Tanaka Giichi, públicamente manifestó el deseo de expansión en China, y en 1931 los japoneses ocuparon la Manchuria, una región al noreste de China, y poco después, atacaron Shanghai. Esto conllevó tensiones internacionales y obligó a Japón, en 1932, a salir de la Sociedad de Naciones (SDN).
En Europa, Hitler llega al poder de Alemania el 30 de enero de 1933, lo que también conlleva a la retirada del país de la Sociedad de Naciones. En el año 1935 ocurrió un primer incidente que alertó a la comunidad internacional cuando Alemania se saltó el tratado de Versalles y atacó el Sarre. Los franceses podrían haber intervenido, pero no lo hicieron, aunque tres días después reimplantaron el servicio militar y fueron bastante habilidosos para aceptar la firma de un tratado naval con Gran Bretaña.
Por su parte en Italia, Benito Mussolini ordenaba invadir Etiopía, acción que fue condenada por la Sociedad de Naciones, la cual impuso sanciones a Italia.En el año 1936 Alemania ocupa la tierra del Rin, con lo cual nace el eje Roma-Berlín, y después de esto nace el pacto Antikomintern, que Alemania firma con Japón, en el cual declaran la hostilidad contra el comunismo, liderado por la Unión Soviética. En 1937 el emperador Hiro-Hito de Japón ordena a sus tropas invadir China.
El 1 de septiembre de 1939 las tropas alemanas entran en Polonia, tras lo cual Francia y Gran Bretaña le declaran la guerra, y con esto inicia la Segunda Guerra Mundial.
Se crearon dos bloques:
– Los Aliados: Gran Bretaña, EEUU, Francia y la Unión Soviética
– Las Potencias del Eje: Alemania, Italia y Japón
Durante 1939 y 1945 se desarrollan una serie de intensas batallas por diferentes partes del mundo, las cuales culminan con el lanzamiento de dos bombas atómicas por parte de Estados Unidos contra ciudades japonesas. Se pueden ver más detalles sobre estos acontecimientos en la cronología de la Segunda Guerra Mundial.
Entre las consecuencias de esta guerra podemos mencionar lo siguiente:
– Se estima que hubo entre 55 y 70 millones de muertos a causa de la Segunda Guerra Mundial, incluyendo bajas civiles y militares, siendo la Unión Soviética y China los países más afectados. Se estima que mas de 6 millones murieron en los campos de exterminio alemanes.
– La economía europea colapsó y el 70% de la infraestructura industrial estaba destruida. En 1947, el Plan Marshall, preveía que los Estados Unidos destinaran billones de dólares para la reconstrucción de Europa. Alemania y las otras Potencias del Eje tuvieron que compensar económicamente a los países Aliados.
– La Guerra Fría, ya que el final de la Segunda Guerra Mundial marcó el fin de la posición del Reino Unido como superpotencia global y la emergencia de los Estados Unidos y la Unión Soviética como poderes dominantes en el mundo.
– Se crearon nuevas fronteras, los Estados vencedores establecieron las nuevas fronteras de los Estados derrotados. El principal beneficiado fue la Unión Soviética que ganó territorio a costa de Alemania, Finlandia, Polonia y Japón.
– Alemania fue dividida en cuatro zonas de ocupación, cada una controlada por Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y la Unión Soviética respectivamente. Las zonas americana, británica y francesa se unieron en 1949 para crear la República Federal de Alemania (también conocida como Alemania Occidental) y la zona soviética se convirtió en la República Democrática de Alemania (también conocida como Alemania Oriental).
– Se creó también la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en 1945, en reemplazo de la Sociedad de Naciones, la cual había fracasado en su tarea de prevenir la guerra. A diferencia de la Sociedad de Naciones, la Organización de las Naciones Unidas tomó un papel más activo en el mundo.

domingo, 21 de agosto de 2016

RESEÑA HISTÓRICA DE LAS FUERZAS ARMADAS BOLIVIANAS

.                             Fuerzas armadas de bolivia

Las Fuerzas Armadas de Bolivia (FF. AA.) son una organización oficial encargada de la defensa, tanto de agresiones externas como de internas, de Bolivia. También velan por la seguridad, estabilidad y protegen la constitución boliviana.Las Fuerzas Armadas están constituidas por:

Ejército de Bolivia (que incluye a la Policía Militar).

Además, existen unidades formadas por premilitares de Bolivia, cuerpos de reserva, unidades que prestan servicio de carácter obligatorio y la unidadSAR-FAB de emergencia y salvamento.


Reseña Histórica: El Libertador Simón Bolivar al asumir la presidencia de la República de Bolivia tuvo únicamente como Secretario General al Coronel Santiago Estenos; pero en 1826, el Presidente Mariscal Antonio José de Sucre creó dos Secretarías del Estado, una para el despacho de Hacienda y Gobierno y otra Militar. Sobre esta última fue organizado después el Ministerio de Guerra y Colonización, alta repartición de carácter político-militar que durante 79 años desempeñó todas las funciones administrativas y técnicas del Ejército Nacional. Pero a partir de 1905, año que fue organizado definitivamente el Estado Mayor General, fueron deslindadas las atribuciones de éstas dos altas reparticiones y el Ministerio de Guerra quedó con las que son propias de su importante función en todo lo que se refiere a la administración de la Fuerza Armada y como representante de ella ante las cámaras legislativas y los poderes públicos. Hasta el año 1932, el Ministerio de Guerra estuvo organizado en cinco Secciones y una Ayudantía General, las cuales ejercían las siguientes atribuciones: Adquisición de armas, municiones y demás pertrechos bélicos: equipos, vestuarios, menaje y vituallas del Ejército, construcción de cuarteles, arsenales, polvorines, hospitales y otros locales, instalación de fábricas de pólvora y municiones, construcciones defensivas como fortificaciones; implantación de maestranzas y todo lo referente a la necesidad de la Fuerza Armada, tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra: leyes, decretos y resoluciones: concesiones de invalidez, retiro, pensiones, montepíos, jubilaciones y decretos de pago, atendiendo todas las necesidades del Ejército en cuanto se refería a la parte económica y administrativa. En 1933 durante el gobierno del Presidente Constitucional, Dr. Daniel Salamanca, en fecha 30 de noviembre se promulga y sanciona la Ley de creación del Ministerio de Defensa Nacional vigente hasta nuestros días. Los ciudadanos que ocuparon el alto cargo de Ministros de Guerra, desde la fundación de la República hasta que fue iniciada la campaña del Chaco, bajo la dirección de estos jefes fue o r g a n i z a d o el Ejército de la República, dotándosele del primer Estatuto 17 Orgánico y de las primeras leyes y reglamentos sobre su organización, instrucción, uniformes y la confección del primer presupuesto de guerra. A partir de febrero del 2009 por efecto de la implementación de una nueva CPE cambia su denominativo por Ministerio de Defensa.



Reseña Histórica: Las Fuerzas Armadas del Estado Plurinacional de Bolivia fueron perfilandose durante la Guerra de la Independencia, en consideración a que los efectivos organizados por altoperuanos participaron directamente en las luchas de la emancipación. De esta manera al fundarse la República de Bolivia el 6 de agosto de 1825, se conformó el Ejército Nacional en base a las primigenias tropas de patriotas y los legendarios guerrilleros de las Republiquetas, liderizados por el Gral. José Miguel Lanza. Las glorias militares del Ejército fueron forjadas en las campañas de la Confederación Perú-Boliviana, la Batalla de Ingavi conocido como el Primer Período heroico del Ejército. Posteriormente las Guerras del Pacífico, Acre y del Chaco. El 25 de mayo de 1829 el Mariscal Andrés de Santa Cruz, mediante Decreto Supremo determinó la creación del Estado Mayor General, hoy Comando en Jefe de las Fuerzas Armadas del Estado, este organismo militar resume el concepto de la unidad de mando en la institución fundamental de la Patria y es el más alto organismo de mando y decisión de carácter técnico operativo y de permanente coordinación y dirección de la entidad castrense del Estado Plurinacional de Bolivia. El 26 de septiembre de 1957, mediante Decreto Supremo N° 04743 se crea la Fuerza Aérea Boliviana; como una Institución Militar Aeronáutica, autónoma y paralela al Ejército. El 4 de enero de 1963, a través del Decreto Supremo N° 06339 se crea la Fuerza Fluvial y Lacustre, hoy denominada Armada Boliviana. Desde entonces, estas tres instituciones castrenses conforman orgánicamente las Fuerzas Armadas del Estado. Misión: Defender y conservar la independencia, seguridad y estabilidad del Estado, su honor y la soberanía del país; asegurar el imperio de la Constitución Política del Estado, garantizar la estabilidad del Gobierno legalmente constituido y participar en el desarrollo integral del país. Fecha de aniversario: El Año 1912, se fija el 7 de agosto como “Día de las Fuerzas Armadas”, realizándose en conmemoración a esa fecha la primera gran Parada Militar en el frontis del recién estrenado Colegio Militar. Fecha de aniversario: 30 de noviembre, según Resolución Ministerial Nº 1267/2005.




HECHO POR JOSIMAR CALLECOSI QUINTANA

https://www.youtube.com/channel/UCqtMHaElMKCLxF0he-ert2w

RESUMEN DE LA HISTORIA DE LA BANDERA DE BOLIVIA

La bandera boliviana nació junto con la república como símbolo de unidad

La bandera de Bolivia es el principal símbolo de nuestro país con la que todos los bolivianos nos identificamos, pese a diferencias, pues este emblema creado el 17 de Agosto de 1825, a tan sólo 11 días de consolidada la Independencia de la República, es el principal emblema de unidad.

Fueron dos décadas a lo largo de la historia de nuestro país, en las cuales la bandera, sufrió modificaciones, pero a partir del 31 de Octubre de 1851 durante el gobierno de Manuel Isidoro Belzu se adopta de forma definitiva, la bandera oficial rojo, amarillo y verde.

De acuerdo al Decreto Supremo del 14 de julio de 1888 que reglamenta y uniforma el uso del escudo y de la bandera nacional se dispone en el artículo 5º, "la bandera nacional consta de tres franjas horizontales de igual anchura y dimensiones, colocadas en este orden: Una roja en la parte superior, una color oro en el centro y una verde en la parte inferior". 

La franja de color rojo representa la sangre derramada por los héroes para el nacimiento y preservación de la república, la de color amarillo en alusión a la riqueza mineral y la de color verde a la riqueza de la naturaleza y la esperanza.

Hoy 17 de agosto se recuerda el Día de la Bandera como homenaje al nuevo Estado que nació a la vida independiente el año de 1825.



HISTORIA
 
PRIMERA La primera bandera fue creada por la Asamblea Deliberante del 17 de Agosto de 1825, con el detalle de tres franjas horizontales, superior e inferior de color verde y la del medio, más gruesa y de color rojo. En la franja central lleva 5 estrellas doradas en hojas de laurel, representando a los 5 departamentos que Bolivia tenía al momento de su fundación: La Paz, Potosí, Cochabamba, Chuquisaca y Santa Cruz.

SEGUNDALa modificación se efectuó por Ley del 25 de Julio de 1826, en la presidencia del Mariscal, Antonio José de Sucre, con tres franjas horizontales simétricas, de color amarillo la superior, roja en la franja central en la que se lucia el primer escudo de nuestro país y verde de la parte inferior. 

TERCERALa enseña nacional actual, rige por Ley de 5 de Noviembre de 1851, dictada en la presidencia de Manuel Isidoro Belzu, que lleva tres franjas horizontales simétricas, la franja superior es de color rojo, la franja del medio de color amarillo y la franja inferior de color verde. La ley de Belzu no incorpora el Escudo Nacional en el pabellón tricolor, que fue incluido posteriormente en la franja central.
Para Oruro reviste de gran importancia porque en noviembre de 1851 el presidente Manuel Isidoro Belzu, izó la bandera nacional en el monumento mandado a construir en su gobierno dos años antes en la colina de Conchupata. Por ello que el homenaje que se hace de la enseña en Oruro, reviste importancia por ser el primer lugar donde flameó la tricolor nacional.


HECHO POR JOSIMAR CALLECOSI QUINTANA